José Osuna Expósito
He recorrido los trece reflejos del Uno y, en cada uno, he reconocido una parte de mí.El alma no asciende por jerarquías, sino que se expande en comprensión.Cada avatar que invocamos es un principio interior que despierta cuando el alma está lista.He comprendido que no hay fronteras entre lo divino y lo humano, solo grados de recuerdo.Morir y renacer no son actos separados, sino respiraciones de una misma luz.Cuando Matsya flota, Kurma sostiene; cuando Varaha desciende, Narasimha protege; cuando Vamana expande, Parashurama limpia; cuando Rama equilibra, Krishna ama; cuando Buda silencia, Zoroastro ilumina; cuando Mahavirá aquieta, Jesús abraza; y cuando Ketzalcóatl despierta, el alma entera resplandece.He dejado de buscar afuera lo que siempre fue interior.El viaje termina donde comenzó: en la conciencia que observa y ama.El retorno de la luz solar no es un futuro: es el instante en que el alma dice «sí» a su totalidad.